Sé quién eres, según cómo caminas, más que como hablas

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Por Jorge Garrido –

Hay diez formas de caminar. Para analizar una persona empiece por observarlo mientras anda: lo dice todo, o casi todo con el cuerpo. Se debe a que cómo caminamos pensamos, sentimos y actuamos, y no lo advertimos.

Es el robot humano en marcha y tiene su propio movimiento típico. Más bien, lógico.

Y es lo primero que hacemos, observar cómo caminan nuestros alumnos en nuestras sesiones de comunicación personal.

A veces no le decimos nada, los observamos tranquilamente, pero ya tenemos un plan para entrenarlos, es decir sabemos, casi sospechamos, lo qué tenemos que trabajar en esa persona.

Una vez llegó un chico que caminaba con los pies abiertos, es decir colocando cada punta del pie hacia afuera, como suelen andar los asiáticos. Al avanzar así, la marcha es más lenta, como frenando. Bueno, los bailarines también lo hacen, pero por otras razones de adaptación corporal.

Era un muchacho de unos 14 años. —¿Por qué caminas así?, le pregunto. —Porque tengo una rodilla más larga que la otra, —me respondió—. Estoy pronto a operarme.

Caminamos de la misma forma como funciona nuestro cuerpo.

No nos damos cuenta de cómo caminamos

—¿Más larga? No puede ser, en ese caso, cojearías, andarías apoyándote en el pie con la rodilla normal. Y veo que andas recto, derecho, demasiado derecho incluso, —le digo.

—Pero observo otra cosa, —le cuento—. Los brazos están pegados al cuerpo, descolgados como mismo el cuello y la cabeza, como si no quisieras emplearlos y te molestaran.  Y miras, además, hacia abajo. No quieres ver a nadie, más bien no deseas que te miren, como si temieras que te regañaran.

No le dije nada, pero me recordó las películas de como caminaban las personas en un campo de concentración, temiendo que los guardias los mataran no más se equivocaran en algo.

El chico me miró con los ojos asustados. Lo había descubierto.

Nuestros pasos reflejan también cómo sentimos.

Los hijos, a veces, caminan como sus padres

—¿Cómo te manejan tus papás? —No demoró en explicarme—:  —mi mamá bien, con cariño, pero es muy sumisa a mi padre. Y él me regaña fuerte todo el tiempo. No más llego a la casa del colegio y me hace una refriega sin haber hecho nada.

—A ver, —le dije—: camina derecho, por una raya en el piso, poniendo un pie y luego el otro delante. Lo hizo bien, mueve los brazos, pudo hacerlo, levanta la cabeza, los hombros, marcha más rápido, ahora lento, detente, muévete a toda velocidad.

Todo lo hizo muy bien.

—Tenemos que hablar con tu padre, —le dije—. —Está abajo esperándonos, —me alertó—, y debe estar ya molesto por lo que me he demorado. Él no cree en estos entrenamientos de comunicación. —Vamos a hablarle, tranquilo, —le dije—, tengo muchas cosas que decirle.

Cuando caminamos siempre estamos pensando y siempre no lo advertimos.

El muchacho avanzaba solo mirando al piso

Cuando le expliqué al padre que el muchacho no tenía que operarse y lo puse delante a caminar para probarlo, las lágrimas le corrieron. —El culpable es usted, —señor—. Deje a su chico ser como él quiere ser. —¿Por qué lo castiga tanto? —Hizo silencio—. ¿No lo quiso tener, verdad? —Bajó la cabeza.

Desde ese día, fue hace años, comencé a observar cómo la gente camina. Hay marchas muy diferentes y todas reflejan la personalidad, la actitud ante la vida, la forma en que encaran las cosas y sus barreras comunicativas.

¿Qué son las barreras comunicativas? Todo lo que impide ser como queremos ser. Personajes impuestos para evitar ciertos temores y se convierten en bloqueos, en habilidades retenidas, el famoso miedo escénico. Es decir, temor a ser como quiero ser. Pero ese es otro tema que merece otro artículo. El miedo escénico es una aprensión muy singular e interesante.

Es difícil cambiar la forma de marchar, pero se puede lograr

¿Cuáles son las formas de caminar más comunes?

La primera marcha: La más común de todas: Andar aprisa, siempre (algunas veces hay que hacerlo), a toda velocidad. Si le preguntamos: ¿por qué corres? No sé, siempre soy así. Tienen miedo al tiempo.

La segunda marcha: Moverse mucho, los brazos, la cabeza, avanzando como levantando polvo en el camino con cierta urgencia, quieren además que lo noten. Tienen miedo a no hacer las cosas bien.

La tercera marcha: Avanzar y balancearse hacia los lados, como un paso adelante y dos a los lados. Miedo a tomar decisiones. Desconfianza.

Ni en el ejército marchamos igual, por más que lo intente un sargento.

Ni en el ejército se logra que todos marchen igual

La cuarta marcha: Avanzar como pavo real, mostrándolo todo, pecho erguido, brazos bien abiertos, cara estirada, pasos largos, siempre sonriente, triunfante, como aspas que baten el viento.  Miedo a no llamar la atención. A ser inadvertidos. Hay que hacer mucho ruido, soy superior además.

La quinta: marcha: Caminar despacio como explorando el terreno, suave y mirando muy bien donde pisa. Miedo a fallar.

La sexta marcha: Pisada fuerte, movimiento militar de brazos, piernas y cuello. Miedo a no ser obedecido y a la vez a no obedecer. Tienen pánico de no ser eficientes.

La séptima marcha: pisando muy suave pero casi no tocando el piso, solo rozándolo. Como en la punta de los pies. Miedo a ser advertido y luego regañado o rechazado., No quiero molestar.

El más común de las marchas, andar rápido siempre, casi no tocamos el suelo.

Caminamos como funcionamos en la mente

La octava marcha: Disloque absoluto, caótico, lo mismo endereza a la derecha, que a la izquierda, que parece ir atrás, luego delante, más rápido, más suave. Es la marcha de los creativos. Miedo a ser igual que los demás. Pueden cambiar el rumbo en cualquier momento.

La novena marcha: hombros caídos, mirando al piso, avanzando firme, sin salirse de la raya, y los brazos a los lados. Miedo a no cumplir lo establecido, la orden, la misión histórica desde la niñez. Los anti creativos.

La décima marcha: avanza irregularmente, lo mismo se inclina a la derecha que a la izquierda, quizás mueva más un brazo que el otro.

Según nuestras barreras comunicativas encontramos una forma de caminar.

Primero camine y después hable, decimos en el entrenamiento

Y camina mirando hacia otro lugar distinto a por donde va, puede tropezar. Lo observas y adviertes que no sabe para dónde se dirige, de pronto se para, se entretiene mirando algo, luego sigue caminando.

Da la impresión de que no sabe qué hacer, sin embargo si tiene cierta orientación, lo que puede modificarlo de pronto de acuerdo a la intervención de alguien o de algo. Una nave sin rumbo.  Miedo a concentrarse en algo, disperso, y que le ocurra algo imprevisto. Totalmente espontáneo. Soy como me digan y espero orientaciones en el camino.

Esas son las diez. ¿Cuál es la suya?

Es lo mismo que preguntar: ¿cuál es su miedo?

No trate de cambiar su forma de caminar mecánicamente, a la fuerza, como un ejercicio de gimnástica, modifique primero su forma de pensar y sus actitudes, y el cuerpo le responderá agradecido y adaptara sus pasos a esa razón.

Después de entrenar a más de 5000 personas en nuestros talleres de Cuarto Espacio, confiamos más en cómo caminan que en cómo hablan.

Nota: Hay algunos que prefieren no caminar. Miedo a avanzar. Los hay, y son los que más trabajo dan en nuestros ejercicios. De todas formas, Cuarto Espacio los espera a todos. Incluso a los que no mencioné.

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jorgegarridodos@gmail.com | + posts

Periodista cubano-español, escritor y profesor universitario. Ha sido corresponsal en el extranjero, editor y jefe de sección de la agencia Prensa Latina, director de la revista Prisma y Cubanow, y autor de la polémica novela "La Historia Secreta de Picasso". Fue panelista en programas de debate en NTN 24 horas, RedMás Noticias, Cable Noticias y emisora FM.
Ha dictado talleres de estética, cine, periodismo y comunicación en varias universidades colombianas, entre ellas la Universidad Nacional, Javeriana, de la Sabana, Universidad Central, Rosario, Autónoma de Cali, y dictado cátedra en la Escuela de Estudios Superiores de Administración (CESA).
Creador del Método Cuarto Espacio de entrenamiento comunicativo. Es especialista en el manejo de procesos de incomunicación y de dominio de los miedos y el miedo escénico en particular. Tiene en preparación el Manual de Comunicación Personal y la Guía de Dominio de los Miedos.

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Guillermo Realphe F.asombra cualquiera con el avan
Guillermo Realphe F.asombra cualquiera con el avan
2 meses de publicado

Yo estoy como el niño de 14 años. Creo eso es congénito