La violencia de género dramaticamente reflejada en “Because We Are Girls” (Porque somos niñas)

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Este documental canadiense que puede encontrar en Amazon Prime, relata en la voz de las propias protagonistas, la historia del abuso sexual al que fueron sometidas tres valientes hermanas de origen indo-canadiense: Jeeti, Kira y Salakshana Pooni.

Se estrenó en el Festival Internacional Canadiense de Documentales (Hot Doc International Documentary Festival) el año pasado, pero solo hace relativamente poco estuvo disponible en Amazon.

Lo dirige Baljit Sangra a quien una relación de amistad con las victimas le permitió contar la historia que tardó 3 años en filmarse y producirse.

El tema del abuso por donde se le quiera ver, sexual, físico, mental, psicológico, espiritual, de niñas/os, mujeres, animales, etc.etc., es tremendamente complejo y nos cuestiona de una manera muy profunda como sociedad y en ocasiones a nivel personal.

Una historia desgarradoramente repetida

Desafortunadamente más de uno tenemos o sabemos de historias propias, familiares o cercanas que nos conectan con una parte tremendamente oscura y violenta del ser humano.

Estas tres mujeres crecieron en una familia de origen Punjabi, que emigra hacia Canadá y allí se establece en una pequeña comunidad llamada Williams Lake de British Columbia.  

La población procedente de India y Pakistán se ha venido asentando desde finales del siglo XIX en Canadá en donde se han dedicado principalmente a actividades relacionadas con las industrias forestal, aserradora, agricultora, minera, así como a la cría de vacas y ovejas, entre otros.

Hoy se cuentan casi un millón de inmigrantes procedentes de esos países y representan el 2% de la población de Canadá.  

La sincretía cultural no se produce

La referencia al origen de esta familia me pareció importante, pues eso de entrada ya nos permite ubicar este drama dentro de la dinámica de un grupo cultural muy particular con una idiosincrasia y costumbres muy distintas a las del país que los recibe.

El documental va contando en la voz de estas tres hermanas, cómo fue su infancia, qué tipo de cosas hacían como familia para celebrar cada momento, las películas que veían en familia, los bailes, actividades y reuniones familiares que iban acompañando sus días, viéndolas crecer.  

La directora introduce en esta narrativa videos familiares que dan cuenta de todos los momentos felices que como familia estas tres niñas disfrutaron, siempre dentro de un circulo familiar cerrado.

El fenómeno suele presentarse en muchas familias de inmigrantes que, por temor a perder lo que consideran valioso, como su idioma, valores, costumbres, con frecuencia deciden apartarse y aislarse de las influencias externas de la sociedad que los acoge y hace que sus hijos crezcan en una especie de burbuja.

La maldad incubada por dentro

En principio y equivocadamente, ellos piensan que los van a proteger de la maldad en general, pero con frecuencia y lamentablemente, termina siendo el ambiente en que el maltrato tiene lugar.

Uno de los rituales de la familia es ver películas de Bollywood, -así es como se conoce popularmente al cine de la India combinando: Bombay y Hollywood en una sola palabra.

Si no ha visto una de esas historias, lo invito a que le de una mirada a alguna de estas cintas, pues eso facilita entender muchas de las cosas de esta cultura.

En estas películas normalmente se cuentan historias fantasiosas de mujeres y hombres que buscan a la pareja perfecta e ideal.

El documental va contando en la voz de estas tres hermanas, cómo fue su infancia, qué tipo de cosas hacían como familia para celebrar cada momento, las películas que veían en familia, los bailes, actividades y reuniones familiares que iban acompañando sus días.

Arcaicos y perversos estereotipos

Por su lado, los hombres aspiran a una mujer joven, bella, pura, virginal, obediente y sumisa; y las mujeres, al hombre romántico, buen mozo, buen trabajador que canta y baila para ellas mientras les recita poemas de amor.

Nada mas alejado de la realidad de esta cultura netamente patriarcal en donde, de generación en generación, se les conceden y transmiten a los hombres unos derechos y valores que realzan y enfatizan su fuerza, poder e importancia en la comunidad, mientras a las mujeres se les obliga a callar, tapar y aguantar cualquier injusticia, presumiendo siempre su culpabilidad.

Desafortunadamente para la humanidad, este tema del abuso sexual al interior de la propia familia no es un patrimonio exclusivo de la comunidad Punjabi en Canadá.

Es una tragedia y un horror que se repite en muchas comunidades en donde prima un sentimiento patriarcal que promueve y difunde una educación basada en la desigualdad y se complace viendo a la mujer como un ciudadano de segunda clase al cual puede someter y castigar.

Una fuerte y liberal educación es el único camino

Estamos necesitados en el mundo entero de una educación, valores y principios que promuevan el respeto entre seres humanos y sintientes, para incluir a los animales.  

No podemos seguir pidiéndole a las niñas y mujeres que no salgan a la calle, que no se vistan de tal o cual manera, que se priven de expresar lo que sienten y piensan, por temor a ser maltratadas, abusadas y violadas.

Necesitamos enseñarles a los niños y a los hombres, que las mujeres están en la misma capacidad y libertad de hacer lo que les plazca y ellos en la obligación de respetarlas. 

Promover un punto de encuentro en donde la interacción se dé, desde el amor, el respeto y la igualdad y no desde la fuerza y el sometimiento.

Respeto por los iguales para acabar con maltratadores y violadores

Sé lo que está pensando, querido lector: estamos muy lejos de ese panorama en Colombia; pero soy optimista y siempre podemos dar el primer paso hacia el cambio, comenzando por nuestros propios hijos, hermanos, sobrinos, en la casa.

Necesitamos enseñárles a respetar a sus hermanas, primas, tías. A realizar las labores domésticas por igual, como parte de la contribución que nos corresponde a todos para un mejor vivir.

Los maltratadores y violadores no nacen en la calle, se crían en las casas, en donde impera la perversa “filosofía” del machismo. Aquellas donde, desde que nacen, reciben tratamiento especial que los va haciendo crecer con ínfulas de reyecitos y dueños del mundo y en particular de las mujeres.

El documental está muy bien hecho, tiene escenas que conmueven hasta las lagrimas y unas enseñanzas valiosas para mujeres y hombres. No se lo pierda.

clarospi@yahoo.com | + posts

Abogada de la Universidad del Rosario; prefiere identificarse como ciudadana del mundo. Vivió siete años en Italia y desde allí recorrió todo el viejo continente. Hoy vive en los Ángeles, California. Experta en temas de inmigración, traductora de documentos legales e interprete oficial.

Pero su verdadera pasión es el cine. Fácilmente es de las que sale de una sala y se mete a continuación en otra. En consecuencia puede mirar una o dos películas diarias, pero lo cierto es que la semana no termina hasta que no haya disfrutado varias veces de su pasión preferida.

Tampoco gusta de ver el séptimo arte en la comodidad de su casa. Disfruta del ritual de hacer fila para entrar a un teatro de pantalla grande, sonido envolvente, cómodas butacas abullonadas y crispetas con gaseosa en el brazo del asiento.

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