¿El sexo entra en los sueños o los sueños penetran el sexo?

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Por Susan Clavel –

Freud tenía razón: los sueños son eróticos. Pero dijo algo más complicado: el sexo comienza desde que nacemos. Eso trastornó de alguna forma la psicología y la psiquiatría y provocó un escándalo. Desde entonces la sexualidad entró para quedarse en los análisis de la mente.

Todos los problemas que recibo de mis pacientes tienen que ver de alguna forma con el sexo. Al principio no quería aceptarlo, pero de alguna manera se cuelan en el análisis del problema. Sí, Freud, me parece que tienes razón, comienza desde el nacimiento.

Sigmund Freud, el famoso psiquiatra austriaco,  exploró los sueños y el sexo.

Quizás antes, diría yo.

Alguien me trajo un análisis de la influencia del sexo en la política  y no podía creerlo. Un estudioso me aseguró que los congresistas en el parlamento piensan mucho en el sexo para distraerse de los largos discursos, como ladrillos que unos y otros se dicen, y no se escuchan.

Es el entretenimiento favorito cuando tengo la mente cansada, me dijo un viejo lobo de la política cuyo nombre me reservo.

Pero, ¿y en los sueños qué sucede?

¿Qué sueño tendré hoy? No lo sospecho siquiera.

La mente no descansa, si no ocurre nada nuevo, entonces empiezo a soñar

No estoy clara sobre el famoso Complejo de Edipo que desarrolló Freud, el famoso psiquiatra austriaco. Y mucho menos, el Complejo de Electra. Uno referido a la relación madre-hijo y el otro a padre-hija.

Llega a mi consulta un hombre ya maduro, 55 años, casado, y me confió que había empezado a soñar repetidamente de que su esposa era su madre.

—¿Cómo es eso, señor?  

—Las confundo, doctora, y estoy preocupado. 

—¿Pero en qué?, señor.

—En los labios, doctora, y cuando miro sus pechos. Y me despierto atormentado, pero lo peor es que siento un gran impulso sexual después, y no puedo contenerme. —¿Por qué, doctora, mi madre sale a estas alturas en mis fantasías sexuales?

Debe tener alguna explicación, pero quiero saber: —¿le gusta más su esposa así? —De cierta forma, doctora, pero no me gusta, finalmente, por eso he venido, siento miedo. Mucho miedo de estar haciendo algo malo. —De hecho, —añadió—, temo dormirme y que vuelva a ocurrir.

—¿Con qué frecuencia, señor?

—No menos de dos veces a la semana.

Tuvimos que comenzar un tratamiento para desmontar a la madre de su esposa, la esposa de los sueños y los sueños del apetito sexual.

No tardamos mucho en hallar un suceso original ocurrido antes de los 5 años muy bien guardado en el inconsciente, que no es el caso contarlo aquí.

Un paciente me reveló que él se dormía todas las noches con una historia distinta sobre una mujer diferente y que así lo hacía mucho más fácil.

—Me deslizo entre ellas, —dijo—, y llegó al reino de los sueños. Veo a una mujer que me gusta cruzando una calle y me la llevo a mis sueños esa noche. —He estado con muchas así, —agregaba.

—¿Y por qué viene entonces, señor a mi consulta?

—Porque de tanto hacerlo, ya no me tienta conquistar de verdad a una mujer, y no pasar trabajo en convencerla, invitarla, entenderla y comprometerme con ellas.

—¿Y?

—Me estoy quedando solo, doctora. ¿Me puede ayudar?

—Busquemos otro entretenimiento para dormirse, señor, esa es la tarea, le propuse.

Entonces, si los sueños son los deseos reprimidos que no puedes realizar cuando estamos despierto, pues el sexo entra en los sueños para satisfacerte lo que no puedes hacer cuando estás en vilo.

Mejor no descubrir los misterios del sexo. Déjelos así.

Los sueños se ocupan del sexo no complacido

Ahí está la diferencia, el vacío del placer real, podemos decir. Pero he recibido personas que después de 20 años de matrimonio pierden el interés en el sexo con su esposa y empiezan a aparecer amantes imaginativos. La infidelidad, me aseguro una mujer, es una especie de sueño real. Es fascinante. ¿Justificación o paroxismo?

Otro paciente me confesó que sus sueños y el sexo estaban en total complicidad. —Mis sueños son lúcidos, es decir que es una forma de soñar despierto. Se sabe que estás soñando y puedes incluso detenerlo si no te convienen. Y me dejo llevar por ellos, nos ponemos de acuerdo y nos guiñamos el ojo, —añadió.

Parece, pensé aquella vez, que el sexo y el sueño son dos amigos que se entienden muy bien. ¿Serán cómplices?,  como decía el paciente anterior.

Pero, una mujer me relató que empezaba a soñar con otros hombres que no eran su esposo. No sé si contárselo, sería durísimo, pero él debe ayudarme a saber por qué me sucede si es que lo quiero y me sigue gustando como al principio.

Entonces, quizás, todo lo que vamos a soñar ya lo tenemos calculado y no lo sabemos. Y todo el sexo que vamos a disfrutar lo vamos a soñar después. Quién sabe. Esos son los secretos de la psicología.

De cualquier forma, la sexualidad ha sido muy reprimida, todavía lo es. Algunos la emplean de forma muy sensorial, práctica, como un desahogo inevitable. Y todo acaba en el orgasmo. Por cierto, por qué el orgasmo dura tan poco y en todo caso hay que repetirlo en pequeñas oleadas. ¿Qué pasaría si durara horas?

Y para otros la sexualidad es un acto de amor entrañable, de cariño, la conjunción máxima de los sentimientos y el placer.

Y finalmente, para unos terceros, el sexo es apenas la reproducción necesaria de la pareja para crear una familia imprescindible y ser aceptado social y moralmente por la sociedad. Es antiquísimo, ¿verdad? Ese es el sentido tribal del sexo.

Podemos parecernos sexualmente a los animales, de hecho muchas personas lo hacen así.

Somos sexualmente animales, sentimentales o morales

En el primero, predomina el sentido animal. Lo hacen para disfrutar solo ellos. Así hemos visto como lo hacen los perros. Más rápido no puede ser.

En el segundo prepondera el sentimiento. Lo hacen para disfrutarlos los dos.

En el tercero prevalece la mirada social. Lo hacen para los otros, y que todos digan que lo hicieron y cumplir socialmente.

¿No habrá una tercera forma de hacerlo?

—Soñando, —me dijo un paciente. Todo es como un sueño. El erotismo, por ejemplo, es un estado mental alterado, soñoliento, embebecido,  donde todo es maravilloso y tentador antes de llegar al punto máximo, la realidad que nos espera y despierta.

Entonces, Freud, los sueños son el sexo y el sexo son los sueños. ¿Y dónde dejas el amor, psiquiatra?

Son los tremendos cómplices.

¿Y las pesadillas? Ah, eso es otra cosa. Los deseos no realizados, pero ese tema merece otro artículo.

Espérenlo pronto.

Nota: los sueños lamentablemente no solo son para reflejar los deseos reprimidos del sexo y el amor. Se dedican a cosas más complejas.

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susanclavel30@gmail.com | + posts

Sexóloga, no feminista, sino femenina, estudio el ser humano, sus misterios, su cuerpo y sus reacciones, perceptiva, sensual, pensadora hasta el alma. Me gusta observar cómo camina y se mueve la gente que pasa debajo de mi ventana. Desafiante, pero plena de sensatez.
Devoro los libros y he dejado de fumar. Freud, Obama, Eric Clapton,  Thomas Piketty y hasta el viejo Elvis Presley, son mis héroes. Me gusta el rock, pero no el reggaetón, me aburre, y los boleros me fascinan, si son cubanos, mejor.
No me dedico a defender a las mujeres, sino a defender al amor, y a estudiar ese momento fénix en que tratamos de entendernos uno encima o debajo del otro. No hay momento más enaltecedor del ser humano que cuando das un beso a un nuevo desconocido.
Me encantan los hombres, los prefiero inteligentes y vitales a la vez. Me defino como coach sexual antes y después del acto mágico, nunca durante. No hay nada mejor que tomarse un jaibol al mediodía, con hielo, y mirando cerca al mar.
¿Sabes lo que es un jaibol? Una confesión profesional: me gusta dominar a los dominantes, pero con caricias y frases inteligentes. Para empezar una consulta, siempre pregunto a las mujeres: ¿llegas al orgasmo?: la mayoría me dice: ¿qué es eso? Siéntate, tenemos que hablar.

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Guillermo Realphe F.asombra cualquiera con el avan
Guillermo Realphe F.asombra cualquiera con el avan
1 mes de publicado

Desde nuestro nacimiento interviene el sexo en el ser humano.