El secreto de no envejecer: la creatividad

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Por Jorge Garrido –

¿Por qué hay jóvenes conservadores y viejos creativos? Una pregunta para filósofos, psicólogos y antropólogos. ¿Dónde está el misterio?

¿Es el miedo a morir lo que envejece más rápido a las personas? ¿Será eso?

Prefiero el consejo más atrevido de todos: la mejor medicina para no envejecer es competir con los jóvenes y ganarles en buena lid y con otras capacidades o recursos.

Sin embargo, alguien me dijo otra cosa más extraña: el miedo a la vejez comienza desde que acabas de nacer. Mejor sería decir que el miedo a morir se inicia desde que comienza el parto.

Bueno, es verdad que en el parto se está decidiendo, por primera vez, si vivirás o no.

¿Es importante saber cómo fue nuestro parto y el embarazo de nuestra madre? Casi nadie responde a la pregunta: ¿cómo naciste? No sé, no me lo han contado. ¿Por qué? Tampoco, sé, responden.

Hay varios elementos que intervienen, pero debemos, entonces, averiguar dónde está la diferencia en llegar a cierta edad en estado deficiente de salud o llegar animado y vital. Nos preguntamos si el secreto está en las células o está en la temperatura mental, para llamarlo de alguna forma más sensorial.

La edad interviene, claro. Pero, al parecer hay otras líneas transversales.

Otra cosa es la enfermedad que puede aparecer y reducirnos la calidad de vida.

Pero, hablamos de un escenario diferente: se puede llegar a los 60, cabizbajo, caminando lento, retirado de las actividades productivas, rutinario y aburrido, en manos de otros que se ocupen de nosotros,  y dispuesto a descansar más que a moverse.

Como me dice un amigo con 66, lo primero que hago cuando me levanto es sentarme a reposar.

Los especialistas no se equivocan en eso: la criatura lo primero que hace cuando nace es moverse todo lo que puede (incluso desde antes, en el útero). Es decir, el cuerpo lo necesita, casi como respirar.

Sin embargo, moverse es lo primero que se deja de hacer cuando se comienza a envejecer. Y el cerebro, el sistema nervioso te dice: si no quieres más, me voy parando.

Una amiga me dice, mientras más duermo, más quiero dormir. Me levanto cansada después de dormir. ¿Por qué? Claro que hay que dormir, recuperarse, y el cuerpo te lo pide, pero si duermes mucho quizás le estás diciendo al cerebro que siga así de largo. Bueno, te voy a complacer. ¿Quieres morirte lentamente? Podemos lograrlo en muy poco tiempo.

Las dos formas de envejecer: a las buenas o a las malas

Hay dos formas de envejecer: irse deteniendo y dejar de hacer cosas y pasar gradualmente a la rutina. Ese gran enemigo si no se emplea bien. Como muchos que están esperando los 50 años para retirarse. ¿Saben lo que van a hacer? Decirle al cerebro: oye, hasta aquí llegué, vamos a descansar todo el tiempo que queda. Y el cerebro te va a complacer.

Primero avanzas lento, luego te paras, entonces te sientas, más adelante te acuestas, ahora te enfermas, ya no me muevo más, y listo, ya puedes fallecer.

Hay otra forma de envejecer: reviviendo todos los días, recreando la vida, haciendo cosas nuevas. Es decir, creando.

Es que el mundo lo necesita: reinventarse todos los días.

Y la creatividad: ese es el mayor secreto y el arma favorita del ser humano.

Y algo más que puedes hacer a tu favor: competir con los más jóvenes y ganarles en buena faena, empleando otros recursos diferentes. Si corres con ellos te van a superar en el camino, si subes de dos en dos las escaleras ellos lo van a hacer de tres en tres y más rápido.

Pero puedes bordearlos con técnicas más efectivas. Si avanzas más y te cansas menos es una señal de que lo estás haciendo mejor.

Espero que se canse el más joven. Ya no puedes más, ahora voy a seguir un rato.

Fui periodista activo durante 30 años, y ahora escribo una nota más rápida y mejor que a los 30 años. ¿Dónde está el secreto? En el arsenal aprendido que tienes en la cabeza. Por lo menos, ya sabes en qué puedes equivocarte.

El cerebro te agradece que le diga que estás vivo, que puedes más (sin excesos, por supuesto, ni para hacer récord, eso sería una tontería).

Que le transmitas tu intención de hacer las cosas mejor, más aún, de cambiarlas de lugar si no funcionan.

Hace unos días, hice un ejercicio en mi taller sobre Cómo dominar los miedos. Todos tenían que pensar en un objetivo: qué cosa quiero cambiar de lugar. Desde lo más simple: cambiar el color de los muebles de tu casa hasta modificar el orden mundial.

El ser humano es lo que es en la medida de lo que piensa, lo que siente, lo que hace, y también de lo que crea.

Todos somos creativos, pero alguien nos dijo que no y lo creímos

El planeta necesita que lo modifiquen en tanto que lo salven, que no lo destruyan, y al mismo tiempo lo mejor que podemos modificar es nuestra actuación, la inteligencia (tan relegada y poco usada últimamente), las relaciones humanas, la paz, el convivir (más desusado todavía).

Todos los días, debemos escuchar un mensaje en nuestros oídos: qué vas a hacer hoy mejor que ayer.

Te estás diciendo a ti mismo que quieres prolongar tu vida útil que es la vida creativa. Y el cerebro te responderá: muy bien, sigamos adelante todo lo que podamos.

No hay nada peor que ver a una persona que está sana y que no quiere seguir viviendo, ya casi en brazos de la depresión. O escuchar esa palabra maldita: ¡Estoy cansado! ¿Por qué? No sé.

El escritor Ernest Hemingway se suicidó porque ya no podía escribir y no tenía sentido seguir viviendo, pero tenía ocho novelas publicadas y otros textos, y había participado en tres guerras. Le puso un cañón a su yate El Pilar y se fue a cazar submarinos alemanes en las islas de Cuba.

El cerebro te espera: dime qué quieres hacer. Y si le dices: bueno, no sé bien, espera, pero el tiempo se acaba.

Por eso, hay jóvenes que van parando, como frenando la vida poco a poco, desde los veinte años, y hay mayores que siguen avanzando y ven un cartel que dice, doble a la izquierda y siga adelante. Y le hacen caso.

La mejor forma de detenerse en la vida es no crear nada nuevo, y hacer lo mismo todos los días.

No estoy diciendo que debe llevarse una vida agitada, sin tregua, hacer más y más. Eso es otra cosa y es el síndrome de la intensidad de estos días. Es dañino. La fórmula es más lento pero hacer más y con más calidad.

Otros se justifican diciendo: yo no soy creativo, solo dígame qué tengo que hacer y yo lo hago.

No es así, todos somos creativos, aunque algunos son especialmente creativos para alguna esfera y no para todas. Tenemos el mismo cerebro.

¿Quién te hizo creer que no puedes crear?, le preguntaba a uno de los participantes en mis talleres. No sé, me parece, quizás… fue la respuesta. Probablemente alguien se lo hizo creer desde pequeño. Y quizás, sin quererlo, fueron los propios padres.

Esa manía de los progenitores de empeñarse en convertir a sus chicos en estúpidos, rutinarios. Que apenas se porten bien.

Por eso, recomiendo, que lo primero que hagas en el nuevo día, aún de madrugada, después de poner los pies en la alfombra, es pellizcarte (estoy vivo) y despejarte los ojos, decir: ¿qué cosa nueva voy a hacer hoy?

Y no te has dado cuenta que ya tienes 80.

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jorgegarridodos@gmail.com | + posts

Periodista cubano-español, escritor y profesor universitario. Ha sido corresponsal en el extranjero, editor y jefe de sección de la agencia Prensa Latina, director de la revista Prisma y Cubanow, y autor de la polémica novela "La Historia Secreta de Picasso". Fue panelista en programas de debate en NTN 24 horas, RedMás Noticias, Cable Noticias y emisora FM.
Ha dictado talleres de estética, cine, periodismo y comunicación en varias universidades colombianas, entre ellas la Universidad Nacional, Javeriana, de la Sabana, Universidad Central, Rosario, Autónoma de Cali, y dictado cátedra en la Escuela de Estudios Superiores de Administración (CESA).
Creador del Método Cuarto Espacio de entrenamiento comunicativo. Es especialista en el manejo de procesos de incomunicación y de dominio de los miedos y el miedo escénico en particular. Tiene en preparación el Manual de Comunicación Personal y la Guía de Dominio de los Miedos.

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Guillermo Realphe F.
Guillermo Realphe F.
7 meses de publicado

Afortunada o desafortunadamente, envejecemos. Yo sigo siendo un hombre feliz